
Como si de una verdadera tragedia griega es como se puede caracterizar la vida de Adolfo Suárez. Suárez lo tuvo todo y se le fue todo. Puede que sea el mejor presidente de la democracia española, aquel presidente que luchó por sus ideales, por la igualdad. Fue el hombre que encarriló a España tras un largo periodo de franquismo, Suárez era un presidente joven que sólo queria lo mejor para su país. Lo consiguió, hizo de España un país grande, que lejos de una dictadura, una guerra, comenzaba a vivir sin censura, sin grises por la calle y sin miedo. Un presidente de centro, que luchaba por sus ideales, que antepuso su familia a la política. Pero, como si una tragedia griega, los dioses del olimpo le jugaron una mala pasada.

El destino le volvió definitivamente la espalda. Una terrible enfermedad sobre la que los médicos no se ponen de acuerdo -¿Alzheimer?, ¿demencia?- le condenó al olvido del poder disfrutado, de los hechos vividos, de los laureles logrados; pero también, piadosamente, de la desaparición de sus seres queridos: su mujer y su hija Mariam, ambas fallecidas tras una intensa lucha contra el cáncer. Ahora es su hija Sonsoles quien padece la enfermadad y que, pos suerte tal vez, su padre desconoce que la enfermedad vuelve a atacar a su familia.Suárez fue «más héroe que santo», cuya personalidad resulta muy difícil de clasificar; un personaje ambicioso pero a la vez de una extrema sencillez, al que no le faltaron enemigos, pero a quien nadie duda en reconocer como una de las figuras más relevantes de los años de la restauración democrática española.
El 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Tejero irrumpía en el congreso de los diputados, todos se tiraron al suelo atendiendo a la orden del militar, todos menos él. “Aquel día una bala te rozó la mejilla, y tú en lugar de tirarte al suelo, como habría hecho cualquier hijo de vecino, te sentaste en tu escaño con la misma naturalidad de cualquier otro día. Yo con esa foto haría a cualquier ciudadano americano presidente de los EEUU dijo en una ocasión un prestigioso asesor de imagen estadounidense. Es aquella foto, que ahora no encuentro, en la que se te ve a ti solo sentado en un hemiciclo aparentemente vacío. Todos salvo tú, Carrillo y Gutiérrez Mellado habían obedecido (Todos al suelo!) a Tejero entre un ensordecedor y dramático ruido provocado por las ráfagas de las metralletas golpistas. Esa foto, presidente, como esta otra, también legendaria, en la que sales de tu escaño a defender al bravo y leal general son la misma estampa de la dignidad política.”

Adolfo Suárez depierta simpatía. Muchos de los que hoy en día reconocen que es el mejor presidente de Gobierno que ha tenido España, son personas que no han vivido la transición. Pero veían a un hombre seguro de si mismo, que sabía por lo que luchaba, que queria tener un buen país, el mejor de todos. Un hombre que despertaba simpatía, seguridad. Si Suarez gobernada ahora, endría muchos mas afines que los tuvo en su época.
El rey le eligió a él, y no se equivocó.
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